BALONES PARA LA TRAGEDIA

OpiniónBALONES PARA LA TRAGEDIA

Por Óscar Gil, Ogil *

Entre la emergencia humanitaria y la propaganda política.

Mientras miles de colombianos intentan sobrevivir a las graves consecuencias del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió hace unos días al país, una escena protagonizada por el presidente Abelardo de la Espriella se devela como símbolo de la indolencia gubernamental y de la politización de una tragedia.

En medio del dolor y la incertidumbre de la gente que esperaba ayuda inmediata, el presidente llegó a Buenaventura, una de las zonas más afectadas por el sismo, repartiendo balones, vociferando su grito de campaña, lanzando besos al aire y sonriendo ante las cámaras cual reina de carnaval.

Buenaventura es una de las ciudades con más vulnerabilidad del país, y el terremoto multiplicó su precariedad: hoy se cuentan cientos de heridos y decenas de muertos y de personas que no se han podido hallar entre los escombros; gran parte de sus viviendas, colegios, hospitales y vías se derrumbaron; la población lleva una semana sin agua, sin energía, sin alimentos y completamente incomunicada, viviendo en verdad una emergencia humanitaria que exige respuestas inmediatas del Estado. En este contexto, el gesto presidencial no solo resulta insensible y desconectado de la realidad sino también insultante para los bonaverenses.

Pero lo cuestionable no es solo la entrega inoportuna de unos balones. Estos implementos deportivos con la imagen de su campaña presidencial –los colores de la bandera nacional y el eslogan “Defensores de la Patria”–, son la prueba fehaciente de la utilización política de la tragedia.

Similares actos se replicaron en otras localidades afectadas por el fuerte movimiento sísmico, entre ellas Quibdó y San José del Palmar, en el Chocó –epicentro del terremoto–, El Cairo, Cali, Manizales, Armenia y Pereira­ –que quedó semidestruida.–.

En momentos en que el Estado debería estar concentrado en rescates, atención médica, instalación de albergues, suministro de alimentos y de agua potable, así como de la reconstrucción de la infraestructura básica, el Gobierno opta por llevar a cabo actos de promoción partidista que, además de que son inoficiosos porque ya ganó las elecciones, lo más probable es que estén financiados con recursos públicos.

¿Cuánto le estarán costando al país esos balones y esos inútiles desplazamientos del mandatario con su comitiva de más de 30 personas? Cada peso disponible se debería orientar a salvar vidas, atender heridos y acelerar la recuperación de las zonas devastadas.

¿Están estos bochornosos shows presidenciales disfrazando la falta de respuesta concreta y efectiva a la emergencia? ¿Cuál es el papel de un jefe de Estado en una catástrofe nacional? En estas situaciones, la ciudadanía espera empatía, liderazgo, coordinación institucional y respuestas concretas y eficaces.

Más allá de las posiciones políticas, la reciente visita presidencial a Buenaventura nos anticipa no solo el estilo de gobierno sino el espíritu de lo que será “la patria milagro”.

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* Periodista y corrector de estilo.

WA +57 315 575 9920

www.ogil.info

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