El terremoto del 10 de agosto, de magnitud 7,4, ocurrido a las 07:34 a.m. con epicentro en San José del Palmar (Chocó), aún sacude la vida nacional. Sus 90 segundos de furia dejaron una huella que no se borra: 294 fallecidos, más de 4.000 heridos, 143 desaparecidos, 26.000 viviendas destruidas y más de 120.000 averiadas. La infraestructura educativa, de salud y vial también sufrió daños severos.
En Cali, Pereira, Quibdó y Manizales continúa la búsqueda de sobrevivientes, mientras brigadas técnicas evalúan edificaciones y el Gobierno, tras declarar Desastre Nacional y Emergencia Económica, Social y Ecológica, habilita recursos extraordinarios para la reconstrucción. Todo esto ocurre bajo la amenaza de más de 325 réplicas registradas en el Pacífico colombiano.
La cobertura mediática ha mostrado los actos heroicos de rescatistas que, arriesgando su vida, han salvado personas, mascotas y pertenencias. Cada cuerpo recuperado y cada sobreviviente rescatado son celebrados con gratitud, en medio de una cadena de solidaridad nacional e internacional que incluye donaciones de empresarios, artistas y ciudadanos.
Pero hay un dolor silencioso: quienes no perdieron familiares ni sufrieron heridas, pero sí lo perdieron todo. Son los llamados “pobres vergonzantes”, aquellos que quedaron sin techo, sin alimentos, sin bienes, y cuya dignidad les impide pedir ayuda. No están en refugios ni frente a las cámaras, pero su necesidad es tan real como la de quienes aparecen en los inventarios oficiales.
Por eso, este editorial es un llamado: mire al vecino, al amigo, al prójimo. Pregunte con discreción qué necesita. Si carece de cobija, abríguelo; si le falta comida, compártala. No habrá cámaras ni entrevistas, pero Dios será testigo de su gesto y la recompensa será ver cómo la solidaridad se convierte en esperanza.
Conclusión
La tragedia sigue activa, pero también la oportunidad de reconstruir con ciencia, ética y humanidad. Que cada abrazo, cada ayuda discreta y cada decisión técnica sean los cimientos de un país más fuerte, más justo y más solidario.


