La deuda pública constituye uno de los indicadores más importantes para evaluar la salud financiera de un país, pues refleja no solo la capacidad del Estado para financiar sus obligaciones presentes, sino también el compromiso que adquieren las generaciones futuras con las decisiones económicas del presente. En términos técnicos, endeudarse no es, por sí mismo, un problema.
Todas las economías desarrolladas utilizan la deuda como un instrumento para impulsar el crecimiento, financiar infraestructura, fortalecer el capital humano o enfrentar situaciones extraordinarias. Sin embargo, cuando el endeudamiento crece aceleradamente como consecuencia de déficits fiscales persistentes, sin que exista un aumento equivalente en la capacidad productiva de la economía, la deuda deja de ser una herramienta de desarrollo para convertirse en un factor de vulnerabilidad.
Las cifras disponibles muestran una realidad que merece ser analizada con rigor y sin apasionamientos políticos. Entre agosto de 2022 y noviembre de 2025, la deuda pública pasó de aproximadamente 804 billones de pesos a cerca de 1.180 billones, lo que representa un incremento cercano a los 380 billones de pesos en poco más de tres años. Este crecimiento responde principalmente al aumento del déficit fiscal, es decir, a la diferencia entre los ingresos que recauda el Estado y los gastos que ejecuta.
No obstante, el verdadero problema de la deuda pública no radica únicamente en el monto adeudado, sino en el costo financiero que esta genera. Toda deuda implica el pago de intereses y, mientras mayor sea el endeudamiento y más costoso resulte financiarlo, mayor será la presión sobre las finanzas públicas. Esto significa que durante los próximos años una parte considerable de los recursos provenientes de los impuestos de los colombianos no se destinará a construir hospitales, escuelas, universidades, carreteras, puertos o sistemas de transporte, sino simplemente a cubrir el costo del dinero previamente prestado.
En economía este fenómeno se conoce como desplazamiento del gasto productivo, una situación que limita la capacidad del Estado para impulsar el crecimiento y mejorar la calidad de vida de la población. Aunque algunos indicadores coyunturales puedan mostrar resultados positivos en el corto plazo, estos descansan cada vez más sobre el gasto del sector público y menos sobre la dinámica del sector privado, un modelo que históricamente ha demostrado ser difícil de sostener en el tiempo.
El gran reto hoy será, recuperar la confianza de los mercados, fortalecer nuevamente la credibilidad de la política fiscal, estabilizar el crecimiento de la deuda pública y crear condiciones que incentiven el regreso de la inversión privada.
Más allá de las diferencias ideológicas, la sostenibilidad fiscal constituye una condición indispensable para garantizar el bienestar de la población. La historia económica demuestra que ningún país puede construir prosperidad permanente sobre un endeudamiento creciente y un gasto público sin disciplina. El verdadero desarrollo exige responsabilidad fiscal, confianza institucional y un entorno donde el sector privado vuelva a convertirse en el principal motor del crecimiento económico. Solo así será posible evitar que las decisiones del presente continúen hipotecando el futuro de nuestra nación.
Padre Pacho



Y desde cuándo «Pacho Parranda» se convirtió en un gran economista experto en hacienda pública?
El informe del ministro Germán Ávila de esta semana dice todo lo contrario a lo que tal ligeramente afirma el cura Arias
Buen día Padre Francisco. Gran escrito.
El tema económico radica en un aspecto al que no se ha podido controlar y es la corrupción, ya que el dinero en este país no desaparece sino que cambia de manos.
Hablemos de corrupción, volver este término viral y de repudio como le sucede a un violador con sus actos , porque un corrupto es peor que cualquier cosa, dañando la economía, además , no hay ingresos ni ganancias que sirvan mientras la corrupción haga lo suyo.
Feliz día.
Hubo una parranda con los recursos públicos , sin inversiones q produzcan progreso, ahora toca pagar la cuenta