LA DANZA DEL VIENTRE Y EL SECRETO DE LA PIEL

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En Pereira, donde las montañas suelen oler a café recién molido y a la llovizna obstinada de las tardes, la danza del vientre encontró su revelación no en el polvo milenario del desierto, sino en el fulgor parpadeante de un televisor encendido. Corría el umbral del nuevo milenio cuando Gloria Janeth Galvis, docente de español y comunicación de profesión, viajera incansable por pura terquedad del alma, contempló a la bailarina Antonina Canal enseñándole a una virreina nacional, que las caderas no eran un instrumento de seducción terrenal, sino un territorio sagrado de sanación. Aquel destello invisible, ocurrido en las vísperas impredecibles de 2001, marcó el nacimiento de un hechizo que cambiaría para siempre la geometría del movimiento en las cordilleras del Eje Cafetero.

Por aquellos días de desconcierto, en la Perla del Otún nadie sabía bien qué remota verdad ocultaba la danza árabe. Janeth emprendió una búsqueda ciega y febril por las esquinas pereiranas, hasta tropezar con el umbral de la academia Pavitram, donde dos mujeres, Ukanty y María Isabel Velásquez, armadas únicamente con caderines ruidosos (también conocido como pañuelo de monedas o cinturón de danza) y sonrisas francas, la invitaron a descifrar los laberintos del sistema Samkya. Lo que siguió fue una vorágine inevitable, peregrinaciones rituales a los festivales de Bogotá, la inmersión devota en el sistema Prem Shakti y un aprendizaje interminable que culminó en 2009, cuando Shady desembarcó entre los templos extasiados de El Cairo para beber la memoria misma en las aguas fluviales del Nilo y asimismo con esa misma vehemencia a recorrido países como Argentina, Chile, Europa y EE.UU. entre otros países, con esta puesta en escena dancística y deseos de ampliar el espectro de la danza árabe.

Transformada en Shady, apócope de una mítica princesa Persa, célebre por su talento y hermosura, comienza un periplo en sus tierras natales para fundar el grupo bajo la figura, Fundación Shazadi. Sin más pretensión que la de sanar el cuerpo a través del rigor del ritmo, abrió las primeras grietas de luz para la danza oriental, organizando festivales y participar en auditorios que la consagraron ganadora de varios festivales, por varias razones, entregar su conocimiento técnico y capacidad de comunicadora y pedagoga de hecho, y, coreografías únicas que la perfilan, como la verdadera pionera de un arte milenario sembrado en tierra cafetera.

Sin embargo, para comprender el impacto de esta siembra en la provincia, es preciso navegar río arriba por la memoria insondable del tiempo. La danza del vientre, cuyo nombre autóctono en árabe es Raqs Sharqi (danza oriental), no nació en la penumbra de los cabarés, ni bajo la mirada profana del turismo, sino, en las arenas de la península arábiga y el Norte de África como un ritual pagano de fertilidad, maternidad y culto a la Diosa Madre. En los albores de la civilización, las mujeres se reunían en la intimidad de las penumbras para danzarle a la tierra, imitando las curvas de la naturaleza con ondulaciones del torso y espirales pélvicas que preparaban la carne femenina para los dolores y milagros del parto.

En las primeras décadas del siglo XX, la danza sufrió una metamorfosis histórica impulsada por mujeres visionarias que la elevaron de ritual callejero a espectáculo de escala mundial. En esta disciplina, el cuerpo no es un objeto estético de consumo, ni una estatua de yeso, sino un canal cósmico.

Para Gloria Janeth investigadora – más conocida con el nombre artístico de Shady – ha concluido que el vientre actúa como el centro de gravedad del ser (el tan t’ien o chakra sacro), ese punto neurálgico donde convergen la creación y la intuición ancestral. En cada uno de sus aislamientos musculares, en los giros infinitos y en el golpeteo de las caderas al ritmo de los derbakes, ella no busca el aplauso vano de los curiosos; busca despertar la energía dormida, disolver los bloqueos emocionales petrificados en la pelvis y reconciliar el baile con su propia anatomía, liberándola de las exigencias y dogmas de la sociedad, además de esta profesiones de docente y bailarina, es hija, madre, y mejor amiga de su heredera Catalina, que estuvo tras las huellas de su madre, cuando apenas recibía el mundo con la inocencia espontánea.

Fue precisamente este legado sagrado el que resonó a miles de leguas de distancia, en la geografía verde y escarpada de Pereira. Al conectar con la vibración ancestral del Nilo, Shady no solo importó una técnica de pasos imbricados con música árabe sino, que las articuló con bases coreográficas colombianas, transformándola en innovación y avances en esta área de la danza; también, trajo consigo una filosofía, donde el movimiento se convierte en una metáfora, del alma y en una vía de liberación interior.

Como bien sentencia el aclamado bailarín y coreógrafo contemporáneo estadounidense MaddChadd (Chadd Smith), cuya obra explora la ilusión y la geometría del movimiento corporal. «El cuerpo no baila para ser visto, baila para decir lo que las palabras nunca pudieron articular.»

Así, lo que comenzó Shady un día de 2001 frente al brillo hipnótico de una pantalla de televisión, en el corazón del Eje Cafetero, terminó tejiendo una red interminable de mujeres que, al ritmo propio y auténtico de su propia sangre, continúan encontrando en las profundidades de su vientre el único mapa certero hacia la libertad.

Y quiero terminar al ritmo literario, como si estuviera danzando con las letras o frases como la música árabe, invitándol@s a visitar su Instagram Janethshady y su Facebook Shady Oficial, para que, a través de su cuerpo en todos los conocimientos que posee, Shady dialogue con los movientos corporales, unidos a sus afectuosas miradas. ¡Esto es lo que quiero que recuerden!

2 COMENTARIOS

  1. Que buen artículo amigo James. Quedan muchas enseñanzas de esta lectura, pues ayuda a entender la filosofía y el sentido de una danza que para muchos es solo deleite visual, pero que en realidad tiene un contenido mucho más profundo, que es el que vale la pena reconocer.

  2. Qué excelente artículo! De haberlo conocido antes, cin toda seguridad mi primer parto hubiera sido más susve y agradable. Me encanta la forma como combinas el arte de la danza con la expresión de palsbras quese dicen en medio de su coreografía. Me encanta. Mucho por aprender y la danza hace parte del listado de las expresiones artísticas.

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