LO MATERIAL SE RECUPERA

OpiniónLO MATERIAL SE RECUPERA

Uriel Escobar Barrios, MD

“Tranquila, lo material se recupera; lo importante es que estás viva”. Probablemente quien pronuncia esta frase lo hace con buena intención; quiere transmitir esperanza, ayudar a disminuir el sufrimiento y recordar que la vida tiene un valor incomparable. Sin embargo, cuando alguien acaba de perder aquello que construyó durante décadas, esas palabras pueden sentirse menos como consuelo y más como una forma de minimizar su dolor. Elizabeth tiene 54 años, durante años, ella y su esposo trabajaron para construir su casa. Era mucho más que paredes, techo y muebles: allí estaban sus esfuerzos, sus recuerdos, sus fotografías, sus proyectos y una parte de la historia familiar. El terremoto del 10 de agosto la dejó sin vivienda y, además, sin un seguro que pudiera aliviar la pérdida. Cuando sus conocidos le preguntan cómo le fue y ella responde que está viva, pero que perdió su casa, suele escuchar: “Lo material se recupera”. Entonces, cuando llegó a consulta me confesó: “Doctor, ¿usted cree que eso es consuelo para mí? Ya tengo 54 años y no es fácil comenzar de nuevo”.

La aseveración de Elizabeth contiene una verdad psicológica profunda: no todos sufrimos de la misma manera ni otorgamos el mismo significado a las pérdidas. La percepción del acontecimiento depende de nuestra historia, edad, recursos, vínculos afectivos, expectativas y sensación de seguridad. Desde las neurociencias sabemos que una pérdida no se procesa únicamente como un dato objetivo; involucra redes cerebrales relacionadas con la emoción, la memoria, la valoración y la respuesta al estrés. El cerebro necesita tiempo para integrar aquello que ha cambiado. En Psiquiatría distinguimos entre una reacción emocional esperable ante una pérdida y un trastorno que requiere atención clínica. Después de un desastre pueden aparecer tristeza, ansiedad, insomnio, irritabilidad, sensación de desorientación o preocupación constante. En algunas personas, especialmente cuando existen pérdidas importantes o antecedentes de vulnerabilidad, pueden desarrollarse respuestas traumáticas persistentes. Por eso, antes de aconsejar, conviene escuchar.

También debemos comprender que decir “hay cosas peores” rara vez ayuda. El sufrimiento no funciona mediante comparaciones. Saber que otra persona perdió más no hace que mi pérdida duela menos. ¿Qué podemos hacer ante alguien damnificado? Primero, escuchar sin minimizar. Segundo, reconocer la pérdida: “Entiendo que esto es muy doloroso para ti”. Tercero, evitar frases automáticas y permitir que la persona exprese rabia, tristeza, miedo o incertidumbre. Cuarto, ofrecer ayuda concreta: alojamiento, alimentación, trámites, búsqueda de documentos o acompañamiento. Y quinto, observar señales persistentes de deterioro emocional que ameriten valoración profesional. Quizás algún día Elizabeth vuelva a tener una casa. Pero antes necesita recuperar algo más básico: la sensación de que su dolor tiene derecho a existir. Sí, lo material puede recuperarse, pero primero hay que comprender que aquello que perdimos nunca fue solamente material. www.urielescobar.com.co

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