Esta semana la Universidad Católica de Pereira (UCP) cumplió 50 años de su fundación, acto digno de elogio y satisfacción que da la certidumbre de haber desarrollado un prodigio en la formación no solo de saberes por la vida, sino con especial empeño en impregnar valores y principios que basados en las creencias del ser en procura de la coexistencia respetuosa, la convivencia múltiple, la civilidad, el actuar político, religioso o de circunstancias que promuevan la libertad y las costumbres edificantes de la ética como camino para ejercitar el bienestar ciudadano con equidad e integridad social. Sin duda, la UCP ha cumplido con creces su fuente inspirativa, a pesar de haber encarado problemas (entre ellos la pandemia), sorteados con éxito por su filosofía de no sucumbir y, por el contrario, ha inyectado resiliencia contra difíciles andurriales. Y no es de otra manera tal cual puede explicarse su avance en el tiempo, y la justificación para vencer necesidades en uso de su autonomía constitucional, acorde con el modelo de su propedéutica. El origen fundacional de la UCP no es extraño a importantes motivaciones de obras y acontecimientos en la ciudad, el departamento y la región. Surge por la avidez de una cantidad de jóvenes que siguiendo ejemplos locales, hicieron presencia con sus voces anhelantes de superación y comprensión de limitaciones financieras para poseer una institución educativa rigurosa, moldeada dentro del marco aspiracional referido. Así se da el primer paso tendiente a que la luz del intelecto entre a la realidad configurativa. “Este grupo de estudiantes empleando sus propios recursos logró reunir fondos para asumir el sostenimiento de la institución y enfrentó grandes dificultades y retos en los aspectos pedagógicos y académicos. Pidieron entonces al obispo coadjutor de Pereira Monseñor Darío Castrillón Hoyos que fuera rector” [el obispo titular era Monseñor Baltasar Álvarez Restrepo]. El relato agrega: “En 1974, los estudiantes solicitaron a los sacerdotes Francisco Arias Salazar y Francisco Nel Jiménez Gómez que prestaran sus servicios como docentes de la universidad. En el proceso de reflexión y discusión interna con los estudiantes integrantes de la Fundación, se acordó por unanimidad que la dirección de la “Fundación Autónoma Popular del Risaralda” estuviese a cargo de la Diócesis de Pereira. Este hecho ratificó la vocación católica que tendría la institución bajo la premisa de respeto por la libertad de conciencia de quienes ingresaran a ella”.
A la iniciativa se une la Corporación para el Progreso Económico y Social de Risaralda-COPESA- dirigida por el paladín del civismo y el progreso, Bernardo Gil Jaramillo, con lo cual el motor del éxito arrancaba bajo la expresión del decreto diocesano 865 del 14 de febrero de 1975. El primer rector fue el obispo Darío Castrillón Hoyos y el Vicerrector al mando, el padre Francisco Arias Salazar. Después han dirigido el Alma Mater, monseñor Francisco Nel Jiménez (q.e.p.d.), los presbíteros Álvaro Eduardo Betancourt, Gustavo Valencia Franco, Rubén Darío Jaramillo (hoy obispo de Buenaventura) Darío Valencia Uribe (lastimosamente asesinado), Diego Ardila Vélez, Freddy Franco Delgado y su actual Behitman Alberto Céspedes de los Ríos, quien ha venido laborando en la Acreditación Institucional, pues, la UCP tiene sobrados méritos demostrados para tener con ella tres instituciones superiores que marquen a Pereira en condición de Ciudad Universitaria de alta calidad. El padre Céspedes es un eclesiástico de amplias dotes intelectuales, con dos doctorados; especializado en Derechos Humanos y Educación, licenciado en Pedagogía, docente, formador de juventudes, posee liderazgo en lo religioso, en lo académico y en las virtudes cívicas por lo que ha recibido reconocimientos de las comunidades a las que ha entregado su conocimiento, experiencia y dedicación.
Es vital destacar la labor del Obispo Emérito Rigoberto Corredor Bermúdez como presidente del Consejo Superior que fue y que hoy asume Monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez.
A la UCP todo honor y gloria en estos primeros cincuenta años.


